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Abr 03

Enésimo robo, enésimo torpedo al fútbol

FOTO: La Gazzetta dello Sport

FOTO: La Gazzetta dello Sport

Hace poco más de 2 años escribía indignado después de haber vivido un nuevo escándalo en la Champions tras el atropello de Stamford Bridge. Era el partido de ida de los octavos de final de la temporada 2009-2010 y un árbitro llamado Bjorn Kuipers sucedía a Tom Henning Obrevo como asesino del fútbol. Ese día el Stuttgart vio como este señor le birlaba 2 penaltis de libro ante el que, por aquel entonces, ya denominaban mejor equipo del universo interestelar. Dicha indignación, dos años después, me produce hasta risa. Y es que hoy, después de dos años (repito) de haber vivido semejantes ultrajes, me recuerdo a mí mismo como un pobre novato al que aún no le habían metido la torta lo suficientemente fuerte como para cambiar la dirección de mi ilusión y orientarla al hockey o al rugby.

Hace dos años pensaba que todo lo sucedido era algo pasajero, como lo de Mister Ellis y Mister Leafe en los años 60, como el bombo que se le dio a Barcelona con las Olimpiadas de 1992 (año de la primera Copa de Europa blaugrana), como las ligas de Tenerife o como la primera era de Laporta en el Barcelona, en la que los árbitros y Ronaldinho se convirtieron en la mejor delantera de la Historia. Pensaba que todo en la vida era efímero, que una temporada de robos perpétuos era perfectamente soportable. Pensaba, incluso, que podía haber sobrepasado los límites del forofismo y me entraban las dudas de si todo aquello que estaba viviendo era una mera casualidad. Ni me imaginaba por aquel entonces que este insulto se alargaría tanto. Jamás pensé que la mentira del mundo se apoderaría también del fútbol. Y menos hasta estos límites. Unos límites en los que ya no quedan palabras.

Bjorn Kuipers (¡qué casualidad!) fue el encargado, una vez más, de solucionar los problemas del Barcelona ayer en el Camp Nou. La carrera de este tipo comenzó a ver la luz aquel 23 de febrero de 2010. Las normas básicas para que un árbitro comience a bañarse entre billetes de 500 las aprendió demasiado rápido y, consciente de ello, apañó el partido al Barcelona ante un Stuttgart que le estaba arrollando. La UEFA apuntó su nombre en la libreta. Una libreta que para los partidos decisivos de los hombres de ‘Pep’ comenzaba a estar demasiado abultada. Es por ello que tuvo que esperar hasta la final de Supercopa de Europa de este año para volver a manejar el fútbol al antojo de Platiní (o ya no sé de quién). El Oporto salió escaldado de aquel partido y Messi y compañía volvieron a aceptar la mentira y la manipulación como receta para llegar al éxito.

Hoy, después de la actuación arbitral de este hombre ante el Milan, vuelvo la mirada atrás pensando en la cantidad de bofetadas que me han soltado y me pregunto una vez más qué hacía yo perdiendo el tiempo ante un televisor manchado de mentiras. Y también me pregunto qué haré viendo las apasionantes semifinales entre el Madrid y el Bayern si ya todos sabemos el desenlace final de esta farsa sin fin …

Al menos me queda la ilusión de haber visto cómo un ilustre del fútbol, Zlatan Ibrahimovic, ha entrado en este grupo de personas liderado por mí que seguirán luchando a pesar de lo visto una vez más. “Ahora entiendo a Mourinho cuando va al Camp Nou”, dijo el sueco del Milan al acabar el partido. Bienvenido al grupo de los tontos, Zlatan. ¡Esto es ilusión!

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