«

Ene 05

Al compás de Ramos y Marca

sergio-ramos--charlando-con-benitez--twitter

El circo en el que se ha convertido el Real Madrid desde hace unos años parece no tener fin. Con la destitución de Benítez, el club que aparentemente preside Florentino Pérez sigue nadando en un continuo sinsentido. Rafa Benítez llegó en junio acompañado de lágrimas de emoción por ver cumplido el sueño de entrenar al equipo que siempre sintió como suyo.

Pero hoy, apenas unos meses después, esa ilusión y esos sueños han terminado aplastados por un club gobernado por la dictadura de los medios. El mismo club que echó a patadas hace más de dos años a un entrenador (Mourinho) que nunca se dejó llevar por el ruido de la prensa ni de sus propios jugadores y sí por su profesionalidad. Un entrenador con criterio propio y, sobre todo, con personalidad. Pero el Real Madrid es fiel reflejo de lo que es España, un país que no soporta la verdad. Un país que no aguanta que alguien torpedeé su mundo, el mundo de los amiguetes, el mundo de abandonar el esfuerzo y la justicia como modelo de vida, el mundo de sostenerse a base de ganarse a unos cuantos a cualquier precio. El mundo, en definitiva, del decretazo y la verdad oficial. Esa verdad de la que si te atreves a salir, aunque sea mínimamente, te convierte en un indeseado.

El ejemplo más flagrante lo vivimos con El Santo. Resulta que Casillas tenía que jugar siempre a pesar de sus continuos fiascos bajo palos. Y si te gustaba otro portero daba igual, al que había que poner era a Casillas. Verdad oficial. Que el propio Iker filtrara información a ciertos periodistas (no lo digo yo, lo dijo alguien que se acabó llevando un puñetazo en el ojo por eso, por decirlo), traicionando así el trabajo de su propio entrenador y de sus compañeros, daba igual. Iker era el ejemplo de todos. Y en el banquillo y en las ruedas de prensa siempre defendía al Real Madrid y a sus compañeros y nunca estaba de morros. Verdad oficial. “Es sencillo, a mi me gusta más Diego López que Casillas y mientras yo sea entrenador del Madrid jugará Diego”. Tan sencillo como elemental. Y ya se sabe cómo acabó todo. Con el indeseado fuera de España.

Pero el Santo no estaba solo en esto. Me refiero a eso del jamoncito con los medios para que me pongan 5 estrellas en la crónica haga lo que haga. Y ya si marco un gol o hago una parada (o me den un balonazo en la cara, que era lo que solía pasar) pues subimos el volumen de los altavoces: Sergio Ramos. Ese que aparecía en todas las portadas de Marca con las discusiones íntegras que tenía con Mourinho. Ese que invita a queso y vino a los periodistas que esperan helados de frío en la puerta. Y ahí es donde entra Benítez, que osó comentar en la SER que Ramos había cometido un error puntual en el Calderón. Demasiado bueno fue el entrenador madrileño, que sacó a la luz un fallo del de Camas, cuando su historial en el Madrid está plagado de ellos, aunque bien ocultos por esos que llenaron sus barrigas en la puerta del restaurante. ¿Cómo se te ocurre, Rafa? ¿Cómo se te ocurre salirte de la verdad oficial? Sergio Ramos es el mejor central del mundo. Verdad oficial. Sí, Sergio Ramos. El mismo que aún no sabe cómo se hacen los fuera de juego, el que abandona su posición continuamente para ir al centro del campo a verlas venir, el que tiene siempre un rival en su espalda y no se sabe cómo pero acaba rematando (el rival, claro), el que hace las faltas más innecesarias en los momentos más innecesarios, el que saca la mano a paseo cuando le viene en gana, el que, según los datos, hace que su ausencia en un partido acabe convirtiéndose en victoria del Real Madrid, el que tuvo en vilo a todo un Real Madrid con su renovación hasta que no le ofrecieron los 10 millones de euros que pedía (¡qué vergüenza!), el que va lanzando órdagos a su propio entrenador públicamente, el que suelta lo de “nosotros sólo somos peones”, el que va por ahí diciendo lo que le da la gana sin que su propio club tome medidas al respecto (un circo, vamos). Verdades, pero no oficiales.

Fue entonces cuando Rafa Benítez cavó su propia tumba. Desde ese momento cada vez que el “capitán”, el “espíritu”, y la “garra” del equipo abría la boca, abría también una guerra. Y cada vez que jugaba pues lo dicho. Hasta Soldado, defenestrado en el Tottenham, le ganaba la espalda una y otra vez. Desolador. Pero ahí está el gol de la Décima, del que va a vivir toda su carrera. Esa Décima que que sí quería ganar porque al parecer se llevaba bien con Ancelotti. Y porque, a su vez, el italiano nunca soltó ninguna verdad no oficial. Y todo el que oculta ese tipo de verdades y lanza a bombo y platillo las oficiales se hace amigo de los que mandan realmente en el Madrid (y en España). Perdón, otra verdad no oficial.

Y así está el Madrid, en manos de Ramos y del Marca. Parece que el Madrid sólo gana lo que Ramos quiere. Y Ramos, últimamente, parece que quiere ganar bastante poco (me refiero a partidos, lo de los 10 millones ya lo dije antes, pero lo repito, para los que hablan del “espíritu” del Real Madrid). A los que tiene ganado también es a los que le sujetan los micrófonos para soltar sus perlas. Esos que no han descansado con sus portadas hasta echar a Benítez, al que no se le ha dejado tranquilo desde entonces. Todos esos que han dejado de lado cualquier rastro de humanidad y de decencia con tal de lograr los objetivos de su protegido. Viva el circo y el deshonor.

Vamos Zizou, la historia reciente del Madrid demuestra lo que tienes que hacer y, sobre todo, lo que no tienes que hacer. Y gracias a Benítez por defender el escudo que algunos locos aún amamos de corazón, ese que te señalabas en la rueda de prensa previa al partido ante el Rayo. El que para algunos es y será el más importante del mundo, aunque parezca a veces un sueño. Hoy, el escudo del Real Madrid se ha renovado por el que portan todos los que sacan los pañuelos y te empezaron a pitar cuando no llevabas ni 3 meses. Este nuevo escudo que ya está tomando forma, en cambio, es el que está repleto de títulos, el que siempre gana.

Y, por último, gracias a nuestro “capi”. Yo no quiero un capitán como Arbeloa que defiende a sus compañeros y a su entrenador en todo momento. Y sin apenas jugar. Porque no juega un pimiento (y no está de morros). Y cuando juega – como en el Calderón, precisamente – la culpa de todos los males, como no, son de él (y de Cristiano Ronaldo, ya que estamos). Para los del jamón y el vino, digo. Y, como consecuencia, para todo el Bernabéu.

¡Hala Madrid!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.