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Abr 01

El día en el que Zidane silenció el Camp Nou

Instante en el que Zidane

Recuerdo como si fuera ayer este partido. Eran las semifinales de la Copa de Europa. Partido de ida. Era el típico día de Champions en el que no te cuesta levantarte de la cama por la mañana. Desde que comienza el día sólo tienes en tu cabeza el partido. Piensas en las 20:45. Todavía quedaba un mundo. 12 horas, 11, 10 … pero parece que el tiempo no pasa. Cuando el reloj marcaba las 19:00 yo ya dejaba de estudiar. Bueno, hacía que estudiaba, pero mi mente estaba en otra cosa. Escribía y leía pero sin saber el qué. Yo sólo veía a Raúl, a Zidane, a Roberto Carlos. Pensaba en Luis Enrique. ¡Qué ganas nos tendrá!, me decía. Llegan las 8 de la tarde. Ya no hace falta disimular. Directamente te levantas, apagas la lámpara y empiezas a dar vueltas por la casa y a preparar alguna cosa. Enciendes la televisión, pero sólo ves a gente contestando unas preguntas. La apagas. La vuelves a encender… nada. Las 20:30. Ahora ya sí que la enciendes y aunque todavía siga el concurso, no la apagas. Te vuelves a levantar. Disimulas yendo a la habitación y ordenando algo. No sabes el qué, pero algo. Y el partido comienza.

El Barcelona empezó atacando y se mantuvo así prácticamente todo el partido. Presionaba y asfixiaba al Madrid. Makelele en los primeros minutos no podía respirar. Las ocasiones del Barcelona llegaban. El Madrid parecía herido, pero nada más lejos de la realidad. Todo ello parecía hacerlo queriendo. Se dejaba controlar. Enfriaba el partido. Sólo esperaba. No asumía riesgos. Parecía que el Barcelona dominaba, pero el Madrid le estaba bailando. Le estaba desquiciando sin apenas tocar el balón, dejándolo libre y arrugándolo a la vez. Parecía una película de Bud Spencer. El enano venga a golpearle, pero él ni se inmutaba. En la actualidad, cuando todos los que hablan sin saber de fútbol creen que la única forma de jugar bien es teniendo muchas oportunidades, se hubiera dicho que el Madrid jugaba como un equipo pequeño. Pero no, ni mucho menos, existen más maneras de jugar bien al fútbol que chinos en el mundo y el Madrid estaba aplicando una de ellas. Llegó un momento en el que el gigante se cansó de recibir y decidió intercambiar los papeles. Pero, amigo, cuando el que golpea es Bud Spencer o el Real Madrid se acaba todo. Una contra de libro acabó con las esperanzas del Barcelona. Dos toques bastaron al Madrid para terminar la pelea. El gol es de Zidane, pero el pase de Raúl es maravilloso. Fue en Rulo donde comenzó a estirarse el brazo y en aquella soberbia vaselina de Zidane fue cuando el enano cayó. Me acuerdo de mi hermano gritando de alegría y abrazándose a mí. Me soprendió aquella reacción en él, alguien que nunca ha sentido ni seguido el fútbol. Estaba loco de alegría. ¡Qué grande es el Madrid! – pensé entonces – que hace que alguien desentendido del fútbol dibuje esa sonrisa en su cara.

El Camp Nou guardó silencio. Aquel gesto glorioso que nos dejó Raúl mandando callar, respetar y obedecer, atravesó como un rayo las mentes blaugranas. Es lo que tocaba. Recuerdo cuando oí unos días más tarde la retransmisión del gol en la voz de Carlos Martínez, comentarista de Canal+, tirándose de los pelos porque habían machacado a su equipo con un golpe sutil. Éste decía, mientras veíamos a las camisetas blancas unidas celebrando el gol, que era increíble que el Madrid hubiera marcado, que el Barcelona se había acercado mucho más al área rival. Para él era injusto. Escupió toda la rabia que llevaba dentro por el micrófono. Me reía entonces y me sigo riendo ahora.

Pero eso no era todo. El enano parecía contentarse con un solo puñetazo. Y fue valiente, o más bien tonto, porque pensaba que el gigante se había olvidado de él. Y fue en el descuento, con otra vaselina prodigiosa, esta vez del olvidado pero gran McManaman, el que acabó por noquear al rival.

Había sido una lección. Glasgow y la 9ª esperaban ya al Madrid.

2 comentarios

  1. Gregor

    Yo también me acrurdo de este partido perfectamente. Magnifico artículo y magnifico blog

  2. MyS02

    Amigo, el Camp Nou no guardó silencio, los 3000 madridistas que allí estábamos, y que fuimos separados en 2 partes de 1500 para hacer callar nuestras voces, explotamos de alegría y locura ante las atónitas miradas de los culés, tanto en el primer gol como en el segundo.
    Cuando al finalizar el partido, nos volvieron a reunir a los 3000, tengo grabado en la cabeza, la salida del estadio del rival por los anfiteatros que daban a la calle con un atronador himno del Real Madrid que hacía volverse desde abajo a cualquiera que pasara por la calle, en aquella ocasión eran los seguidores de tan distinguido rival los que giraban la cabeza intentando comprender. Noche apoteósica.

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